Hambre
Creo que hay dos veces en mi vida que he sentido hambre. Y no ha sido en los países supuestamente pobre en los que he vivido, pero en los “ricos”: Australia y Francia. ![]()
En estos dos países he llegado a sentir el dolor que se te hace en el estomago cuando no has comido en el día, y a veces por varios días. Comienzo a sentir el letargo que te genera todo ese movimiento de tripas que buscan desesperadamente de donde alimentarse, la irritación se hace subseptible, el mal humor te viene, y el sueño te invade. Quedas realmente neutralizado, sin ganas de poder hacer nada.
Es irónico pero cierto, que en estos países, si no tienes dinero es muy poco factible que comas, todo es muy caro, y a veces hasta malo, la fruta esta podrida, y seca y las verduras amarillas y latiguas.
En estos últimos días hemos tenido varias discusiones con mi pareja, y todas pasan cuando ella o yo tenemos mucha hambre. Las discusiones han sido sobre dinero para comer, de dónde sacamos, cómo lo hacemos, qué compramos, como maximizamos, y en general de la frustración de que a pesar de ella tener un trabajo, el sueldo no alcance para comer.
Realmente no se como lo hace la gente, pero entiendo que por eso hay mucha gente en la calle. Un cuadro como este es común de ver un fin de semana;
Las plazas con borrachos, todos blancos “white trush” como dirían en Australia, tan borrachos que están como cuerpos muertos tirados en el suelo. Todo el mundo camina haciéndoles el quite, como si fuera una basura más de la calle. Nadie realmente se conmueve, ni llega la policía, ni la ambulancia. A mi parece que ellos están muertos.
Una mujer perdida en el banco de una iglesia, con una botella del buen vino Francés, debajo de la manga, mira el techo, te mira a ti, dice unas cuantas cosas, y casi no se puede mover. Los bares llenos de hombres solos, viejos, muchos de ellos emigrantes. Si escuchas alguna risa es porque hay hombres negros dándole otra vida al lugar.
Las chicas jóvenes comprando basura de ropa barata, que tan barata no es realmente, y los chicos en la esquina, hablando fuerte, gritando cosas entre una vereda y otra, mano en bolsillo, palo en boca, chupando quien sabe qué, de una mondadientes asqueroso. Otros rondando en bicicleta, perdidos, como no sabiendo qué hacer con el tiempo. No se ven las chicas aquí, ellas estarán comprando o quizás en algo más interesante.
La gente corre para comprar, la colas se hacen largas en los negocios de comida rápida, las pelucas rubias abundan en la cabeza de chicas morenas, las camisetas sin mangas y los medallones de oro marcan al joven que trata de conquistarla.
Las calles están sucias, a excepción de las turísticas, el tren es lento y aunque es domingo siempre está lleno, los autos se atochan en las calles, estacionan en la vereda y todos tienen una multa, los matrimonios blancos y jóvenes pasean a sus niños adoptados, asiáticos y africanos. Las parejas son mixtas, también las hay mayores en eso de los 50 con hijos que parecen sus nietos.
Quizás lo más agradable del fin de semana es el Canal San Martín, donde jóvenes llevan sus guitarras, sus cervezas un picnic improvisado y se reúnen a conversar y disfrutar del sol, que es muy escaso aquí en París.
La verdad es aquí, sí que se pasa hambre…

¿Has leído “Hambre”, del escritor Kanut Hamsun? ¿No? Venga, ya, no esperes más y a leerlo. Seguro que no te quita el hambre, pero algo más llevadero te lo hará.
Un saludo.
voy a seguir tu recomendacion!
Increible , de no creelo uno aqui en America Latina piensa que alla viven todos felices comiendo perdices y la realidas es otra , gracias por tan noble post , y te invito a ir al mio .
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